
Una
de las contradicciones a las que nos expone la belleza es el hecho de que, pese
a su inefabilidad y al carácter personalísimo y único de su vivencia, sea
siempre tan imperativo intentar comunicarla, mostrarla, y ojalá apuntarla con
el dedo. Es por eso que una de las mejores partes de leer es hablar con otro de
los libros que a uno lo han alucinado; un buen libro no conversado se
queda demasiado solo, es una pérdida, como un billete de luca olvidado entre la multitud. Hacer clases...