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lunes, 15 de diciembre de 2014

CAVAS, BIBLIOTECAS Y FANTASMAS

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 05:46




“Toda pasión, en efecto, linda con el caos (…) 
la pasión de coleccionar un orden no es sino un juego de equilibrio por encima del abismo”
Walter Benjamin,  “Desembalo mi biblioteca”


En su ensayo Bibliotecas llenas de fantasmas, Jacques Bonnet define al “fantasma” (en francés, fantôme) como aquel “papel o cartón que se pone en el lugar de un libro retirado de un estante de biblioteca, de un documento que ha sido prestado”. Un papel o cartón que, más allá de su función de registro o inventario (qué libro falta, qué lector lo tiene en las manos y desde cuándo) muestra la presencia de una ausencia, la vida y circulación subrepticia de lo que parece quieto y frío (los libros y el polvo) y, en la biblioteca privada, un recuerdo de nuestros propios fantasmas circulando los textos: los años en que los compramos, las personas vinculadas a ellos, las cicatrices que algunos nos dejaron o el volumen que tenemos la intención de visitar a continuación. El fantasma (fantôme) considera así la presencia de un mapa invisible que une indisolublemente a la biblioteca y a su propietario, vinculando fechas, lugares, personas, afectos, edades o ánimos, constituyéndose como una forma alternativa de autobiografía que solo puede descifrar su poseedor. Una de las huellas invisibles de este mapa o historia “fantasmática” es, sin duda, el orden de los libros en los anaqueles, con el que todos los bibliófilos parecen estar obsesionados de común acuerdo. “¿La biblioteca debe ordenarse alfabéticamente, por géneros, por idioma, cronológicamente o, por qué no, como Warburg, siguiendo una invisible red de afinidades desconocida para todos salvo para el interesado?”, escribe Bonnet, y yo creo acordarme de algunas posibilidades más interesantes, tal vez leídas en La casa de papel de Carlos María Domínguez (que no tengo a la mano), como, por ejemplo, ordenar los libros por autores afines, y separar a aquellos que habrían reñido, o ordenar los libros por temas específicos y raros que vinculen un campo semántico en el “mapa” de la biblioteca, como libros sobre olores, libros sobre subterráneos, libros sobre decepciones o libros sobre libros.

Una cava es muy parecida a una biblioteca, al menos en lo que respecta a las posibilidades del orden y del coleccionismo. A las tradicionales disposiciones según país, cepa, valle, año o incluso (el más aburrido) alfabético pienso en otros ordenamientos alternativos: Vinos que se avienen más. Vinos que ya nos hemos tomado y volveríamos a probar, vinos que aún no hemos tomado y vinos que llevamos años guardando. Vinos por descriptores ultra específicos o indeterminados, como vinos agudos o vinos nítidos. Vinos por el color o carácter de su etiqueta. Vinos considerando la circunstancia en que aparece adecuado tomarlos: vinos para noches de lluvia y chimenea, vinos para conversarlos con gente petulante o desagradable, vinos para afrontar el aburrimiento, vinos para acompañar la lectura.

La cava como un mapa de la experiencia y los sentidos se comporta, con todo, de forma completamente diferente a una biblioteca. Mientras el lector asiduo u ocioso, a la vista de los volúmenes, puede visitar solo algunas páginas de un texto para volver a dejarlo en su lugar, la elección de tomar un vino implica dejar, en la cava, un fantasma real: un ejemplar que, una vez abierto, nunca podrá volver a su lugar ni ser probado nuevamente. Una botella de vino es, literalmente, un futuro “fantasma” o un fantasma que recuerda su ausencia futura, y cuya presencia frágil siempre se superpone a los ejemplares (botellas) anteriores que la han sucedido en el tiempo. El libro nos acoge a cada momento, y podemos volver a él aunque seamos distintos. La cava es, en cambio, más exigente: pide de nosotros la capacidad de recordar sensitivamente, a fin de configurar un orden que ya no esté solo en lo visible—como disposición de “fantasmas” superpuestos—pero, primero y principalmente, en la memoria.


viernes, 21 de noviembre de 2014

TIEMPO ARRIBA

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 07:37


Mi marcador de libros (en la foto, a la derecha) me lo regalaron Cristián y Julia antes de irme de Londres, básicamente porque era lo único que, a esas alturas, cabía en mi sobrecargada maleta. Al anverso, Cris había dibujado dos haces de pequeños círculos dorados que se escapaban hacia los extremos del cartón, delineando algo así como la figura de un reloj de arena que se extendía de una a otra punta del marcador. Cuando les pregunté qué significaban las esferas, me contaron que eran burbujas de espumoso, porque claro, “a ti te encanta el espumoso” (quién lo diría). Me pregunté en ese momento por qué habrían llevado el espumoso a mis libros, creando una confluencia que pese a todas las letras vertidas en este blog todavía me parecía extraña o quizás "demasiado seca".

Con el tiempo, me pregunté otras cosas. Por ejemplo, nunca me contaron qué fue lo que motivó su decisión de dibujarlos no con forma de copa, pero de dos copas invertidas o—como me gustaba pensar—de un reloj de arena lleno de burbujas. Un reloj inusual o rebelde, considerando que las burbujas viajan no hacia el extremo en que se cierra el embudo, sino hacia afuera, “tiempo arriba” o al contrario del tiempo. Un reloj de arena burbujeado que, de existir, podría—paradójicamente—sacarnos del tiempo, situarnos “al centro de la danza”, como escribiera alguna vez Eliot.

Tener un reloj de arena en medio de un libro nos recuerda, al regresar a sus páginas, que cada vez que volvemos a él hemos envejecido. El libro es un espejo del paso del tiempo que hace que nunca volvamos a leer de la misma manera. La copa de espumoso, por otra parte, podría ser otro símbolo posible del tempus fugit, como las flores, cuya belleza dura solo mientras duren sus burbujas. Se toma espumoso  sabiendo que desde que se abre la botella se echa a andar el tiempo que acabará con él, y que hará que en unas horas su sabor y aroma se hayan perdido o transformado irremediablemente. Una copa burbujeada dura quizás aún menos que una flor.

Sin embargo, el tiempo del espumoso va al contrario al tiempo: se escapa al revés, hacia afuera del reloj implícito, haciendo de cada trago una edad plena y detenida. Como el marcador que retiene del libro la página más verdadera, cada nueva copa de burbujas (ligera y transparente, alta como un reloj o como una mujer) es una nueva juventud, de la que podremos, por suerte, no despedirnos nunca, hasta la próxima vez que se aparezca.

martes, 4 de noviembre de 2014

GENTE CHISPEZA

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 03:19


La propaganda anaranjada de Undurraga, que hoy por hoy reza su “Sparkling People” en todas las esquinas y espacios propagandísticos de Santiago, presenta al nuevo bebedor de espumante como un tipo francamente fascinante. “Chispeante, vivaz, esa es la traducción de sparkling”, explica Álvaro Portugal en La buena vida, “pongamos en las cocteleras glamour y sofisticación y obtenemos a los sparkling people, personas estilosas que saben cómo hacer de la vida una diversión permanente”. La “sparkling people”, asegura Portugal, es gente culta, que viaja y posee un amplio bagaje gastro-etílico, que “sabe, por supuesto, cómo conseguir rápidamente los datos necesarios para la mejor diversión en cualquier parte del planeta”, “frecuentan los lugares más “in” y participan en los circuitos de fiestas más exclusivas”.

En legítima defensa de los bebedores de espumoso, que—como yo—no creemos  estar a la altura de la deseabilísima sofisticación, popularidad, tiempo libre y dinero de la “sparkling people”, me gustaría traer a colación el término notable acuñado por el (también) notable Gary Medel tras el partido de Chile frente a Holanda: la chispeza. “Da igual con quien nos toque”, dijo el Pitbull a pocos días del partido contra Brasil, “Hace bien tener miedo, porque eso nos hace tener la ‘chispeza’ de hacer bien las cosas y tener cuidado”. La chispeza, en este contexto, no es un chispear que se evapore o que se pierda en la corriente insípida de la lluvia frágil, ni una chispita útil a los propósitos del carrete con menos calorías, sino que es un rebote de luz más rústico y perceptible, un chisporrotear un poco más arriesgado que tomar espumoso en vaso o en combinado. La chispeza tiene duende, es rápida y peligrosa, pero es una chispeza de oficio, cabezona y disfrutada, exploratoria y curiosa, que se equivoca e inventa, que tiene carácter y claramente mejor sabor. La chispeza se pasea por las preguntas y alaba la dureza y talento de las cosas sutiles, tiene mejores burbujas y es más picaronzuela, porque se da en cualquier lado, no solo donde le piden estar.

En resumen, mi nunca hipócrita lector: lo invito vehementemente a hacerse amigo del espumoso y a tomar con toda chispeza. No solo con actitud chispeza—que está ahí desde antes de que alcance su copa y que da para desentrañarlo todo o correr con los huesos fracturados—sino que espumantes de chispeza, de esos que tienen esa deliciosa complejidad chispada que hace que sea verdaderamente bonito celebrar un gol.

viernes, 31 de octubre de 2014

FIN DEL DIA

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 00:07



No todos los días acaban. El fin del día, cuando llega, se reconoce a partir del abultamiento, la confusión o la pesadez mental. La cabeza late con la mezcla de tanta cosa y pareciera perder, por sobreabundancia, toda lucidez, como ocurre para el miope que intenta desenvolverse, por un rato, sin anteojos.

Esos momentos se traducen en las ganas ineludibles de soltar la cabeza, de fijar la atención en cosas simples, de recuperar la concentración de las cosas sutiles.

No el sueño. Pero una buena conversación y una copa de vino. Un compartir o el sorbo de una copa que explota en la cabeza soltándola como a un pájaro enjaulado, vaciándola y volviéndole a decir. Porque la mente y la boca se desenredan y se llenan de las sensaciones que le permiten volver a fijar el pensamiento.


Claro que ese fin—el del día—no es nunca, ni todavía, el momento de la escritura.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

CENTENARIOS, POPULARES Y ANONIMOS

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 11:52

"El poeta más joven de Chile está
cumpliendo cien años en estos momentos.
Abran quincha, abran cancha,
a su salud, una caña de vino Santa Rita
para iniciar las festividades,
a ver si se nos ocurre algo que valga medianamente la pena
ante su tumba abierta de par en par. En serio
que me trague la tierra si miento.
Dicho sea de paso, le deseamos una larga vida, ¡salud!"

Don Nica escribió este salud en homenaje al centenario del nacimiento de Vicente Huidobro, un 3 de septiembre de 1993. Un salú socarrón, irónico y negro, y al mismo tiempo sincero en su encomio al autor de Altazor. Pues claro, ni se lo tragó la tierra, ni aún Piñera pudo matarlo, aunque lo intentase. Su alusión “mala leche” al vino Santa Rita--guardado al fondo de la caña como, al fondo de la tumba, el mar --me retrotrajo a un aspecto de su poética que me gustaría comentar muy brevemente aquí.

Mucho se ha hablado de la obra de Parra como un regreso del lenguaje poético al “habla del pueblo”. “Los poetas se cayeron del Olimpo”, esto es, dejaron de lado sus pretensiones de enarbolar el lenguaje elitista de los iluminados, y se pusieron a vomitar ingeniosos coloquialismos al más puro estilo chilensis. La vuelta al habla convertiría a la antipoesía en una suerte de regreso a los “orígenes”, y a don Nicanor en un nuevo cofrade del pueblo, un alegre recopilador de nuestros registros y prácticas culturales, cuya poesía es vista como una vuelta al mensaje "fácil" y comprensible por (entre otros) aquellos que se definen como orgullosos "no lectores" de poesía y que por eso mismo adoran la "antipoesía". Este entronamiento de Parra por razones que, las más de las veces, no dejan de ser clichés, es llevado a cabo muchas veces por quienes no entienden algo básico: que la antipoesía es, evidentemente, una forma de poesía. En cambio, mucho menos se habla de la influencia de la tradición poética inglesa (por sobretodo isabelina) en su obra: Parra, que era un gran lector de Shakespeare y sus contemporáneos, está lejos de renunciar a las posibilidades que aporta la tradición “poética culta”, y la antipoesía comprende estas posibilidades. Pienso, por sobretodo, en un procedimiento concreto que, desde John Donne, pasa a formar parte de la indiscutible tradición inglesa y que Parra, a todas luces, recoge: la etopeya (“ethopoeia”), que los rétores clásicos e isabelinos definían como el ejercicio de elaborar un discurso poniéndose “en la voz del otro”, considerando la situación hipotética en la que este se encuentra, sus interlocutores, su carácter y sus pasiones. Dicho recurso de “enmascaramiento” permite al poeta emular el discurso de diferentes personajes que hablan con vividez, y con un estilo apropiado a ellos mismos. El habla cotidiana en Parra, puesta en la voz de los personajes que circulan por su obra, no es solo habla, es una “retórica del habla”, si entendemos “retórica” como aquél tipo de discurso orientado estratégicamente a producir ciertos efectos en el receptor.


Con esto no pretendo ser peyorativa, pues—dicho sea de paso—me encanta la retórica, y también me encanta Parra. Ni siquiera creo preciso a volver instalar preguntas obvias (¿quién habla cuando habla el pueblo, quién habla sobre el regreso a los orígenes, o bien, quién habla cuando se habla?) Más bien me pregunto por el virtuosismo que requieren los disfraces, más aún cuando son disfraces de palabras, y qué es lo que ocurre cuando la voz original se escucha bajo máscaras deficientes, terminando con la ilusión y descubriendo el engaño. Parra, por suerte, tiene el bastante talento como para mezclar tradiciones y registros, creando máscaras perfectas y aún irónicas, como un genio anónimo que se viste con la voz de unos pocos personajes, y no como unos pocos personajes que pretenden vestirse como anónimos.





"ANÓNIMO, ese personaje humilde de campo, a quién todos saludan pero nadie recuerda su nombre, que ha dedicado su vida entera al cuidado de los viñedos. Ese amable campesino es quien conoce cada una de las vides y tiene el secreto de donde encontrar la mejor uva... origen de la calidad de nuestros vinos de edición limitada" (Amónimo, Bottero 2009)

lunes, 1 de septiembre de 2014

LA PROPUESTA DE HERU

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 15:17

Francisco de Goya, "Duendecitos", 
Los Caprichos (1799)

“Al duende hay que despertarlo en 
las últimas habitaciones de la sangre”
Federico García Lorca, Teoría y juego del duende.

Según dice la tradición (que no yo), cuando se toma vino hay como un duende que, dentro de uno, se despierta. No es un duende suave o infantil, sino un pequeño irritable, hilarante e incontrolable, como los peores niños que quién sabe por qué disfrutan a rayando paredes o pinchando neumáticos, o como los demonios de las pesadillas que oprimen el estómago del soñador. “En cada boca alumbrando / andan los duendes del vino” escribe el mendocino Pocho Sosa sobre los duendes hablaores, que “iluminan” la lengua y que en las noches de amigos se ponen a bailar:

El sueño de los racimos
sueña con sol y verano
y en un país trasnochado
bailan los duendes del vino

Este sueño del trasnoche, o bien aquello que Federico García Lorca—también citando—llamaría “aquel poder misterioso que todos sienten y ningún filósofo explica” es uno que no mata como el del duende verde, sino que envuelve de a poquito, porque el duende del vino es camaleónico y más persuasivo, y toma su color a veces en momentos inesperados. Para Goya, por ejemplo, los duendecitos eran en realidad los curas y los frailes, que ocultos beben a costa de los demás y que dejan para sí sus vasos de vino.

Los duendes del vino de Liniers dan un giro a la tradición: dejaron el campo y sus garrafas, estudiaron para sommelier y se vinieron a tomar delicados sorbitos en français. Tienen gorros puntiagudos porque tienen ideas largas, que deben atrapar para que no se les escapen de su cabeza tan pequeña. Son estilosos, viven en pareja y hacen formas con sus ropas. Los duendes-musas de Liniers tienen, en suma, “mejor cabeza”: se les sale el duende de las palabras, ese que hace del tomar una delicada fiesta verbal:




Intente Ud. juntar dos palabras y hacer una pareja de vocablos rastreable; por ejemplo, vino y amarillo, vino y lámparas, vino y ranas, vino y Bob Dylan, vino y duende, vino y Dios. Una pequeña búsqueda le demostrará que existe tradición para todo, especialmente tratándose de vino. Para aportar a esa tradición con solidez, ingenio e inventiva no se necesita mucho más que un poco de investigación y (eso sí) una ligera cuota de duende. El lector decidirá cuanto de eso nos falta, y de qué cepa sería el duende, si tuviera.



"Herú es un duendecillo, que según cuenta la leyenda, merodeaba nuestros viñedos en Casablanca y resguardaba la cosecha como su tesoro más preciado" (Ventisquero, Herú Pïnot Noir 2011) 




sábado, 23 de agosto de 2014

WINEQUOTES Y E.E.CUMMINGS

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 09:49


Antes de escribir en este blog no tenía twitter. Una vez que lo tuve, intenté seguir, en la medida de lo posible, las actualizaciones de algunos actores de la industria vitivinícola nacional. Cuando no existen noticias urgentes, reportajes hilarantes o catas en curso que comentar, la mayoría de las cuentas asociadas al vino—de viñas o de proyectos de marketing, principalmente—aplican tres estrategias que les permiten continuar siendo visibles en el mundo virtual pajaritístico cuando no hay (básicamente) nada importante que decir. Primero: tips prácticos sobre el vino. Del tipo: ¿Cómo servir el vino? ¿Cómo se guarda el vino? Etc, etc. Segundo: frases para convencer a los bebedores (siempre dispuestos a recibir las sugerencias) de que cualquier día de la semana es perfecto para ir a por una copa.  El tercero de ellos es la “winequote”, la frase enunciada sobre el vino por cualquier celebridad presente o pasada, que—al margen de lo que diga o no diga la frase—aporta un aire de 'culto entendimiento' a quien cita, sin importar si su fuente es el buscador de google o un empolvado volumen de biblioteca.

Está claro (ya lo he dicho antes): hay sentencias que se sostienen por sí solas, citas tan poderosas y sugerentes que se resisten al resumen o al comentario. Sin embargo, en todos los casos dichas citas o versos nos arrastran hacia otra parte, son puertas abiertas que nos demuestran hasta que punto, siempre, la lectura pide la incontinencia de otra lectura o quizás de la escritura. Una sentencia así "presentada" debiese sostenerse sola o ser levantada por el citador, aparecer sólo cuando lleva más allá de la vista. Por el contrario, se tiende a citar sin importar cuál es el texto que se rescata, en un gesto que no toma en cuenta lo citado, sino solo el gesto de citar. 

Intentaré, ahora, esbozar el ejercicio opuesto.

La última “winequote” que me encontré en el mundo tuitero fue un par de versos del poeta norteamericano  e.e.cummings. Se leían limpios y misteriosos:

his lips drink water
but his heart drinks wine
                               
(sus labios beben agua
pero su corazón bebe vino)

Partí a buscar el poema de donde provenían los versos, y me encontré con que es un texto escrito tempranamente por Cummings y musicalizado por Paul Nordoff. Lleva por título “Doll’s Boy’s Asleep”. Como era de esperar de Cummings, el poema completo es muy diferente a lo que sugieren los versos tuiteados. Reproduzco aquí una áspera traducción literal, esperando que recurran a la musicalidad del inglés:

Doll’s boy ’s asleep                                     El niño de la muñeca dormido
under a stile                                               bajo el pórtico
he sees eight and twenty                             él ve ocho y vente
ladies in a line                                            doncellas en fila

the first lady                                               la primera doncella
says to nine ladies                                      le dice a nueve doncellas
his lips drink water                                      sus labios beben agua
but his heart drinks wine                              pero su corazón bebe vino

the tenth lady                                               la decima doncella
says to nine ladies                                       le dice a nueve doncellas
they must chain his foot                               deben encadenar su pie pues
for his wrist ’s too fine                                   su muñeca está demasiado bien

the nineteenth                                              la decimonovena
says to nine ladies                                       le dice a nueve doncellas
you take his mouth                                       ustedes tomen su boca
for his eyes are mine.                                   pues sus ojos son míos

Doll’s boy ’s asleep                                      el niño de la muñeca dormido
under the stile                                              bajo el pórtico
for every mile the feet go                               por cada milla que sus pies van
the heart goes nine                                       su corazón avanza nueve


No podemos explicar este poema (los poemas no están para explicarlos), pero podemos hablar sobre él o aventurarnos a leerlo por detrás de su inexistente explicación. Se me ocurren un par de ideas/notas para empezar la lectura, a las que espero que puedan contribuir con las suyas propias:


      1. El poema trata sobre los sueños. Sobre el inquietante y dulce sueño del niño que se sueña creciendo o adolescente, más adelante que su cuerpo (“for every mile the feet go/ the heart goes nine”). En su corazón (en el sueño), las doncellas ya se han tomado su cuerpo: sus pies, sus muñecas, sus ojos y su boca.

      2. Este desorden temporal (el girar de la rueda, símbolo de la vida) se da en un mismo plano de tiempo lingüístico: el plano del sueño y de lo soñado. El pórtico—o la viga superior, que marca su límite—es el umbral de esa entrada.

    3. Los labios del niño beben agua, pero su corazón bebe vino, porque (me atrevo a aventurar) el sueño es una antelación de los sabores no probados. “como si hubiera envejecido de golpe, presa de dulce, empalagoso pánico; / como si hubiera conocido, más allá del amor en la flor de su edad / la crueldad del corazón en el fruto del amor, la corrupción del fruto y luego… el carozo sangriento, afiebrado y seco”, reescribiría Enrique Lihn.

       4. Como en el poema “9”, del mismo autor, las doncellas son los nueve “tic-tacs” del reloj, que anuncian su propia imposibilidad para predecir el advenimiento de la primavera.

        5. El vino que prueba el corazón es el sueño: un sueño todo sentidos, el sueño inquietante y dulce del despertar que se sabe próximo. Un sueño aún no concretado cuyo pasado podemos recordar si es que nos llevamos una copa de vino a los labios.

sábado, 16 de agosto de 2014

HIPOTESIS ALAMBICADA

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 17:37


1
1    1.        Los textos más ingeniosos son aquellos que se dirigen, a una vez y en varios niveles, a distintos destinatarios. Son textos alegóricos o irónicos, en el sentido lato: dicen subrepticiamente una cosa distinta a la que aparentan decir, aportando un doble sentido sistemático. Algunos, incluso, simulan dirigirse a algún tipo de destinatario cuando en realidad lo hacen a otro diferente, el destinatario engañado que, creyendo leer un texto que no ha sido escrito para él, se encuentra desprevenido frente a su cañoneo persuasivo.

2    2.       Estamos acostumbrados a ver etiquetas de vino chileno en otros idiomas, simplemente, porque el vino chileno se exporta. Así pasa con Clos Andino, elaborado por el enólogo José Luis Martin-Bouquillard y definido como “un vino franco-chileno”, cuya etiqueta está escrita casi absolutamente en francés. La contraetiqueta de este Carménère del 2011 (en la imagen) aporta el siguiente punteo:
               
SAVOIR-FAIRE FRANÇAIS
- PRUNEAU – MOKA – EPICES – VANILLE
RONDEUR – FINESSE – LONGUEUR
- PLAISIR – DECOUVERTE – PARTAGE
- AUJOURD’HUI – TROIS A CINQ ANS

La estrategia de esta particular “nota de cata” consiste en apelar a una técnica elocutiva muy antigua: la enumeración, o bien el “listado”, que por medio de la conjunción homologa elementos disímiles, aportando un efecto de sorpresa  y brillantez. La lista de este “Clos” reúne aspectos bien distintos: algunos relacionados con la técnica de producción del vino (“savoir-faire français”), otros con sus descriptores (“pruneau”, “moka”), otros con el momento de su consumo (“plaisir”) y algunos con el período de guarda (“trois a cinq ans”), que se mezclan en el texto como los sabores de un vino en boca. El grado de especificidad de los términos también es diferente: algunos más técnicos, otros más vagos y generales. Por alguna razón, todas parecen ser palabras que puede comprender con poco esfuerzo un lector del español.

3   3.      La estrategia del listado y de la enumeración rápida y dinámica, favorita de las vanguardias literarias, solicita la lectura activa. El lector está obligado a llenar los vacíos (los blancos) entre los elementos, por medio de un acto de imaginación. Con la traducción (lo saben los lectores de poesía) ocurre siempre, felizmente, un poco de lo mismo. 


viernes, 25 de julio de 2014

VINO EN BOTELLA EN CAJA

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 09:52

Dicen que los gatos tienen siete vidas, o, al menos, buena suerte. Que si matas a un gato aparece el mismo gato en su lugar, como en los dibujos animados. El clásico Gato en caja, compañero de las tardes de parque y carrete, nos ofrece algo mejor: un vino en botella en caja. ¿Qué quiere decir esto? Fácil. Es un vino que viene en caja, pero que originalmente fue un vino en botella. O bien, básicamente, un vino de altísima calidad que, luego de una guarda de muchos años, fue abierto para ser vertido dentro de la caja, sellado y lanzado al mercado. ¿Qué otro vino encartonado podría competir con este Gato? Los vinos en caja, obviamente, son inferiores en calidad respecto de un vino en botella en caja.

El gesto del dibujo de la botella en el cartón, pese a parecer inocente (¿lo es?), genera no solo una reflexión sobre los soportes que permiten el discurso del vino, sino una simpática parodia de su representación. La imagen, claro está, no pretende ser creída por nadie: como mucho, genera un desprestigio del propio vino de Gato—¿el vino de sus botella es el mismo que el de sus cajas?—o de su inútil pretensión arribista de pintarlo como otra cosa que la que es. El caso es que esto último es lo que hacen, de una u otra manera, todas las etiquetas de vinos, cuya representación de la bebida de Baco llama a la imaginación, promete y disfraza.

Quienes aún no han leído el Quijote no saben que Cervantes no escribió la novela, sino que la transcribió a partir de un texto hallado en un manuscrito de Cide Hamete Benengeli, historiador musulmán que recoge la conocida historia del héroe como también las narraciones intercaladas que, a modo de muñecas chinas, se interponen en el relato modalizando la enunciación. Una historia dentro de la otra permite siempre el juego y el engaño. Por suerte, solo el “vino en botella en caja” hace impúdicamente explícito este gesto de siempre.

miércoles, 9 de julio de 2014

HOLA RIVAR

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 14:35


Más de alguien alguna vez se preguntó por el lugar de la academia chilena en lo que respecta a la investigación sobre cultura del vino nacional. Los proyectos de investigación de los que yo tuve conocimiento, desde el área de las humanidades (como por ejemplo, el de Magda Sepúlveda en la PUC o de Sonia Montecinos en la UCH), las más de las veces se vertían en revistas indexadas de literatura que acababan siendo leídas por "pocos" o "nadies", o cedían a la tentación de dejar el vino en segundo plano para dedicarse a las "identidades" de relacionadas con lo local, la etnia o el género. Los textos e investigaciones más valiosos sobre cultura del vino han provenido y/o se han difundido, en mucho mayor medida, por cronistas gastronómicos y de vinos y también gracias a la tarea informal de twiteros y bloggeros, que hasta cierto punto han reemplazado la tarea de la academia.  Bueno, al respecto hay una noticia que considero interesante: la aparición de RIVAR. RIVAR es la sigla de Revista Iberoamericana de Viticultura, Agroindustria y Ruralidad, la nueva publicación electrónica editada por el Instituto de Estudios Avanzados de la USACH y, en particular, por el equipo del proyecto Fondecyt dirigido por el prof. Pablo Lacoste (que, dicho sea de paso, estudia las denominaciones de origen en Chile de 1870 a 1950, particularmente en vino y pisco). La revista pretende constituirse como plataforma que recoja los trabajos y proyectos de investigación sobre el vino y la viticultura (entre otros) desde el campo de las humanidades y las ciencias sociales. Me alegra introducirla porque, hasta donde sé, es la primera en su tipo en Chile, y va a permitir que se canalicen las distintas investigaciones en cultura del vino y áreas afines, que antes estaban desperdigadas en otras publicaciones que no tenían ni difusión ni impacto.

Como el prof. Lacoste, la revista es ambiciosa y, pese a que comienza con una plataforma simple, pretende llegar a constituirse como una publicación de relevancia en Latinoamérica (indexada lo antes posible, por cierto). Espero que así sea, y que la academia chilena se constituya ("se sume") cada vez más como un actor importante en lo que refiere a nuestro vino. Y que la crítica de vino provenga de lugares cada vez más diversos.

Eso. Y aquí va el link para que puedan echarle una mirada a lo primero—y, por qué no, empezar a mandar sus trabajos: http://revistarivar.wordpress.com/.


jueves, 26 de junio de 2014

VARIACIONES SOBRE EL TEMA DEL CASILLERO

Posted by Javiera Lorenzini Raty On 16:02


El nuevo diseño de la línea “Frontera” de Casillero de Diablo que acaba de ser lanzado en el Reino Unido llegó a mis manos gracias a mi amiga Antonia, que vino a verme a mi casa en Londres, donde vivo desde hace algunos meses. El vino que contiene es el mismo que el que se distribuye rotulado con la clásica etiqueta del “Casillero”, que circula tanto en Chile como en el extranjero y bajo cuya fama ha obtenido varias veces el primer y segundo lugar de entre las “Marcas de vino más admiradas en el mundo”, según el estudio realizado por Drinks International. El diseño de las nuevas etiquetas es exclusivo para UK--donde el "Casillero" es, por cierto, muy conocido--y pretende potenciar, según ilustra a sus lectores británicos la revista Harpers, la “herencia natural de la producción del vino y la poesía folclórica chilena” (wine’s natural heritage and Chilean folk poetry), por medio de ilustraciones a blanco y negro que encabezan alguna sentencia poética relacionada con la cepa de turno. El referente concreto de las ilustraciones y textos de las etiquetas es la lira popular chilena, que--según sigue la revista Harpers--“data del siglo XIX y cuya fama proviene de imágenes como las que rotulan las nuevas etiquetas de Frontera”. La lira era, efectivamente, un grabado en formato pasquín, que se repartió en Chile entre 1860 y 1920 y que constaba de un poema en décimas, y de un dibujo que, sobre él, ilustraba el tema del texto y era muchas veces elaborado por el propio poeta.

La botella de cada cepa de esta nueva versión "british" de Frontera—Pinot Giorgio, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Rosé, Cabernet Sauvignon, Merlot, y finalmente las líneas de “Blanco” y “Tinto”—tiene su propia etiqueta, y cada una de ellas es un lujito de mirar, pues dibujan (aunque suene redundante) la forma en que los chilenos imaginamos que nos imaginan aquí en Inglaterra. Mientras sus ilustraciones imaginan al Chile del s.XIX, los textos parecen más bien una serie de fragmentos poéticos “creativios” que se plantean—o al menos así he aspirado a entenderlo—como traducciones de liras inexistentes. Es decir, son textos que emulan la falta de rima y la torpeza propia de aquel texto poético que, una vez traducido, no aspira a lograr las sonoridades del idioma original, sino que se reduce a reproducir el contenido del texto con la inadecuación de toda lengua extranjera. Solo, que en este caso, el original de estos poemas “traducidos”--¿por quién?—no existe. 

El vino, claro, es el mismo. Pero no. En este caso es la traducción de un vino que sin embargo no está, que es distinto al de la botella original.



Los dejo con las simpaticonas etiquetas nuevamente "encasilleradas":










01.   Pinot Giorgio:

“My name means Pineapple in French / my sir name reflects / my medieval lineage / I was favoured by a Bohemian king / due to my tropical flavours and floral aromas”
















02.   Sauvignon Blanc:

“My name is French I am a traveler by nature but Chilean at heart // Don’t be fooled by my youth: it’s the secret of my freshness and flavour"


















03.   Chardonnay.

“Im everyones favourite, the darling white / Im always a lady I always fit in / on a hot summer day or at an elegant dinner its part of who I am”














04.   The authentic Blanco.

“As if a magic spell / we conjured a new blend / equal parts wonder, mystery and fruity delight / and send it off from our cauldron / to your glass”














05.   Rose.

“Joyful, smooth and bright, I am / my colour and elegance enchant // My floral aromas are sure to amaze, and my delicate flavor is sheer delight”


















06.   Merlot.

"It was a Little blackbird / that gave me my name // Mirlo they called it / beautiful and dark / two things we share / along with a joyful song"

















07.   Cabernet Sauvignon

“I am the most famous around the world / Proudly Chilean / I gallantly parade my boldness and valour / I am loved by all and a favoutire wherever I go”















08.   The authentic Tinto.

“A magical brew of flavor and aroma // was the illustrious mission assigned / the average of strenght to softness and delicacy / from the grapes that are borne of our land”